viernes, 26 de diciembre de 2014

La llave abierta del gas.

Hablar de ti es
hablar del consentido
a quien siempre se le dio mejor
hablar del yo que del tú.
Hablar de ti es
como llenarme la boca
de primaveras marchitas
imposibles de curar.
Hablar de ti es
chocar con la espada
y comerse la pared,
apagarse la propia luz.
Hablar de ti es
esconderse del frío
por la absurda creencia de que este
hace más daño que tu voz
y que las promesas
que se dejan a medias.

Hablar de ti siempre ha sido
huir en contra de lo establecido
para acabar rendido
en el mismo abismo
que haría que cualquiera
se dejara esparcidos los sueños en él.
Hablar de ti siempre ha sido
dejar atrás la cordura
y asumir que la locura
la confundía cualquiera que
pretendiese encontrar el norte
en tus abrazos.

Hablar de ti es
como mentar la quemadura
que deja diciembre
en los labios.
Hablar de ti es
volver a correr de frente
y no dejar de chocar contigo.
Hablar de ti es
olvidar que el amor no existe
de todas las formas posibles.
Hablar de ti es
murmullo en el silencio
y estruendo en el corazón.
Siempre fue pensar en
un viaje de ida
pero nunca de vuelta
y acabó siendo un billete de vuelta
sin haber emprendido la ida,
fue el semáforo en rojo
que te impide avanzar
todos los días de tu vida,
la llave de gas abierta
y la sonrisa mal puesta.


Sin embargo, hablar de mí
siempre acaba siendo
hablar de ti.
De la cortina que corro
cada mañana
esperando ver el sol en la ventana,
a sabiendas que el sol
se esconde detrás de tus pestañas.
Del despertador que apago
y del "cinco minutos más"
que se suman a la rutina
desde que tú has dejado de estar.
De las sábanas que hacen tu trabajo
y del desayuno que ni me molesto en preparar.
De la cerveza que pretende
sustituir tu boca
y del café frío
que amarga cada atardecer.
También es hablar
de ese vestido que nunca me pondría
si no me fueses a ver con él
-o, en su defecto,
si no fueses tú quien me lo quitase-.
Es cantar una canción
sin tener ni idea de la letra
pero sin perder el ritmo.
Es tirar la piedra
y que no quede más fuerza
para seguir escondiendo el puño
-o el corazón-.
Es hablar del beso que le di a otro
deseando tu reclamo
y acabando la guerra por amor
-y con amor-.
Es hablar de una sonrisa
que no tiene dueño
porque nadie quiso serlo.

Al final, hablar de nosotros
es un resumen
donde la llave abierta del gas
vuela por los aires
la vida del que más ha querido
en mil pedazos
mientras se encargan de escapar
antes de la tormenta
y el huracán consume su huida.
Es la salida de emergencia
que no tiene ninguna salida,
la lluvia que no moja
-y esas duelen para toda la vida-,
la brisa que no despeina,
el sofá vacío junto a libros
que tienen sus hojas más suicidas
arrancadas por si acaso
te da por volver.


Hazme un favor:
No vuelvas,
por si acaso te da
por volver a hacerme sonreír
y perder el control de las cosas.

miércoles, 10 de diciembre de 2014

Bala perdida.

Tu sonrisa
se ha vuelto a estrellar
contra mis esfuerzos
y mis ganas
de seguir hacia delante
sin mirar atrás.

Me ha vuelto
a hacer añicos
verte reír de nuevo
de esa forma tan tuya
en un simple
y
estrangulador recuerdo.

Empiezo a creer
que en eso consiste
lo que llaman vida:
en idas y venidas,
subidas y caídas.

La felicidad
siempre te sentó
tan
 pero tan bien...
Como un brillo
inapagable
que se extendía
en los ojos de alguien
que creía ser nadie.
Como milésimas de segundos
que se quedaban atrapadas
en las manecillas del reloj.
Como fuegos artificiales
quebrándose
justo en el momento
de danzar en el cielo
sumidos en un sinfín de colores
que llevan atado tu nombre.

Tú siempre has sido eso,
una bala perdida
en un mundo
donde las armas de fuego
están sobrevaloradas.
Has sido y serás
la casa vacía,
triste o de mudanza
que escondía penas
en alguno de sus rincones
y
cada estación del año
en una sola ventana.
Tú eres hogar
en los labios de aquel
que te quiso
y
no recuerda bien
cómo olvidar.

Yo sigo siendo
quien lame sus heridas
y
la que, en medio del desastre,
no sabe cómo llevar
no haberse reflejado nunca
en tus pupilas.
La que
a falta de valor
se pinta los labios de rojo
y le planta cara
a lo que quede por venir.
Sigo siendo
quien no comprende bien
por qué
se le escapa la sangre
de las venas
y el oxígeno
de los pulmones
desde que no estás.
Fui y seguiré siendo
un cúmulo de palabras
carentes de sentido,
escupidas por el mejor postor,
despreciadas por el mejor lector,
lamentadas por el mejor poeta
y
vividas en el borde
de cada una de mis grietas.

Por eso, bala perdida,
nunca dejes de sonreír
como hacías
cuando me dejaba la piel
en cada suspiro
con tal de hacerte ver
que lo malo no era tan malo
y
que lo bueno llegaría pronto.
Nunca apagues
la luz que brotaba
de tu alma
cuando alguien te mostraba cariño,
cuando alguien te quería,
cuando tú empezabas a quererte.

Bala perdida,
me bebo una rubia a tu salud
celebrando por tu felicidad
y
recordando que
a veces los recuerdos
solo te permiten
echar de menos.

viernes, 28 de noviembre de 2014

El indomable Will Hunting.

Eres un crío, y en realidad no tienes ni idea de nada de lo que dices.
Si te pregunto sobre arte, me responderás con datos de todos los libros que se han escrito. ¿Miguel Ángel? Lo sabes todo. Vida y obra, aspiraciones políticas, su amistad con el Papa, su orientación sexual...lo que haga falta. Pero tú no puedes decirme cómo huele la Capilla Sixtina. Nunca has estado allí ni has contemplado ese hermoso techo. No lo has visto.
Si te pregunto por las mujeres, supongo que me darás una lista de tus favoritas. Puede que hayas echado unos cuantos polvos, pero no puedes decirme qué se siente cuando te despiertas junto a una mujer y te invade la felicidad. Eres duro.
Si te pregunto por la guerra, probablemente citarás algo de Shakespeare: "de nuevo en la brecha, amigos míos". Pero no has estado en ninguna. Nunca has sostenido a tu mejor amigo entre tus brazos, esperando tu ayuda mientras exhala su último suspiro.
Si te pregunto por el amor, recitarás un soneto. Pero nunca has mirado a una mujer y te has sentido vulnerable, ni te has visto reflejado en sus ojos. No has pensado que Dios ha puesto un ángel en la tierra para ti, para que te rescate de los pozos del infierno. Ni qué se siente al ser su ángel, al dar tu amor. Darlo para siempre. Pasar por todo, por el cáncer. No sabes lo que es pasar dos meses en un hospital cogiendo su mano todo el tiempo, solo porque los médicos vieron en tus ojos que el término "horario de visitas" no va contigo.
No sabes lo qué es perder a alguien, porque solo lo sabrás cuando hayas amado a alguien más que a ti mismo,  y dudo que te hayas atrevido a amar de ese modo.

martes, 18 de noviembre de 2014

Un as bajo la manga.

Me hubiese encantado dormir esta noche rendida
a tus caricias en mi espalda.
Tener una pesadilla
y buscar acto seguido tu mano
y encontrarla.

Hubiera repartido mis ganas
de quererte
en tu boca.
De algún modo, me he deshecho
en el filo de tu infierno
y
no hay manera de volver atrás.

Me siguen quedando ruinas atroces
que podrías ir empezando
a modelar
a tu gusto, si puedes.
O al menos intentarlo.
Ya sabes,
chocar con tu cadera
y temblar.

No eres justo el ajuste
que necesita mi vida
para estar ajustada,
pero ven.
Ven a llenarme
de vicios sin salida de emergencia
-de ti-
y vacíame
de plataformas inseguras
y
barrancos de vértigo.

Toquemos fondo:
la tierra sobre nuestra cabeza,
el cielo bajo los pies.

Susurros de alguna que otra letra
de Extremoduro
los domingos
en mi oído y en tu oído,
en un bar,
con una cerveza.
Y coincidir.

Hubiese sido más fácil
caminar por ahí
con ojeras que llevan tu nombre.

Complicidad bajo las sábanas
y
bocados en la vía pública.


Por si mañana no estás
al otro lado del metro,
seguiré teniendo la esperanza
de guardarme un as
bajo la manga
-tu sonrisa-.

No olvido que
volamos en direcciones diferentes,
pero surcamos el mismo cielo.
Nos podríamos volver a cruzar,
por equivocación
o
por intención.

Aquí me quedo,
con una risa subtitulada
bañada por la luz de la luna.
Aquí me quedo,
en noviembre
con las manos congeladas
y el corazón rasgado.

lunes, 17 de noviembre de 2014

Quizá de vez en cuando se necesite a alguien que te diga que todo va a estar bien.
Alguien que mantenga tu esperanza sin apagarse cuando comienza a decaer.
Alguien que se preste a ayudarte a cargar con el peso que llevas sobre los hombros.
Un ser que vuelva a encender esa luz que se apagó en tus ojos.
Una persona que, en medio de tantos escombros, sepa ver la belleza de tus ruinas.
Alguien que te vista de alegría y haga de tu vida una eterna primavera.

martes, 11 de noviembre de 2014

Que no os caduque el alma.

Algún día va a llegar la vida a rompernos
-esquemas, planes o el corazón-.
Y vamos a sumergirnos en recuerdos
que son como volcanes en erupción.

Nos salpicará la lava y nos van a arder
los ojos, las manos, la piel.

Trataremos de emprender una batalla
de la que salir ileso será lo último.
Chocaremos, nos vamos a desarmar
-y lo sabéis-, a beber de la derrota.
Tomaremos como escudo las sábanas,
nos sentiremos esquivos.
Diremos '5 minutos más'.
Pero, oye, la vida no siempre destroza.

Cuando sintamos el quemazón
y nos proclamemos perdedores
-o, en el mejor de los casos, ganadores-,
nos aferraremos a la razón.
Fuerte, pero sin dejar rastro
para que no nos condene el pasado.

Aprenderemos a querer sin ser,
a ser sin querer.
A beber queriendo
y a querer bebiendo
-que sea la cerveza la que evite el estruendo-.

Entender que sobrevivir
no es lo mismo que vivir.
Si sólo sobrevivís
os caduca el alma.


sábado, 8 de noviembre de 2014

'...ella sabia que él no la quería,
pero aún sabiéndolo
no dejaba de sonreír
cada vez que él la miraba.'- @_msvst

martes, 4 de noviembre de 2014

Ayer me sentí como un naufrago
que había perdido su rumbo.
Supuse que la brújula de tus manos
se habría desperdigado en el tumulto.

Se escuchaba tanto silencio
que el ruido era insoportable.
Así que me escuché hasta el cansancio
-a mí que soy un enunciado inexplicable-.

Esta mañana me topé con un huracán,
lo tenía en el pecho advirtiéndome.
Mi corazón se hizo a un lado,
como si nada fue y lo dejó pasar.
Probablemente eras tú olvidándome,
por eso me queman tanto las entrañas.

Por eso decidida he cogido las maletas.
En ella llevo un par de vaqueros desgastados
y unas cuantas de tus sonrisas mañaneras.
Dejo la puerta bien cerrada y el pestillo echado.

La ventana sigue abierta,
por si te decides algún día a volar de verdad.
Y menos mal que eres un séptimo piso.
Así no vuelvo, que la vida siempre acierta.
Y tus pupilas las abandono a su suerte, qué más da.
(No te olvides de buscarme entre las ruinas de algún precipio.)



Mario Benedetti.

Corazón coraza.

 
Porque te tengo y no
porque te pienso
porque la noche está de ojos abiertos
porque la noche pasa y digo amor
porque has venido a recoger tu imagen
y eres mejor que todas tus imágenes
porque eres linda desde el pie hasta el alma
porque eres buena desde el alma a mí
porque te escondes dulce en el orgullo
pequeña y dulce  
corazón coraza

porque eres mía
porque no eres mía
porque te miro y muero
y peor que muero
si no te miro amor
si no te miro

porque tú siempre existes dondequiera
pero existes mejor donde te quiero
porque tu boca es sangre
y tienes frío
tengo que amarte amor
tengo que amarte
aunque esta herida duela como dos
aunque te busque y no te encuentre
y aunque
la noche pase y yo te tenga
y no.